O QUEREMOS…¿PERO NO SABEMOS QUERER?

Sé que teníamos algunos artículos pendientes a publicar y aunque ya os había comentado los temas que cerrarían el año, las fiestas, la gente, historias a mi alrededor me han hecho pensar un poco en lo complejos que somos los seres humanos y en la manera tan elaborada que tenemos de demostrar nuestros afectos, cuando se nos mueven los programas ocultos en nuestro inconsciente a la hora de que “algo” nos toca las fibras de los sentimientos.

Estos programas se activan cuando sentimos algún tipo de peligro tanto en las relaciones de pareja como en las amistades o familia.

Las fiestas suelen remover de forma sutil muchas cosas en nosotros lo admitamos o no, para algunos son fechas tristes porque alguno de los nuestros ya no están en este plano, puede que para otros sean fechas donde el compromiso (familiares o no) le quite el brillo a las sensaciones típicas de la navidad, generando a cambio una especie de pesadez o simplemente están por otra parte, los que cada año se sienten cada vez menos atraídos a lo que estas fechas puedan significar, porque no es algo que los mueve y al fin y al cabo, no deja de ser un día más como cualquier otro.

Lo cierto es que por la razón que sea, se mueven sentimientos, sentimientos encontrados que manifestamos de distintas formas.

¿Pero qué pasa cuando se generan sentimientos que no nos esperábamos? ¿Somos realmente capaces de gestionar nuestros sentimientos cuando éstos se generan por sorpresa? ¿Sabemos manifestar realmente lo que queremos?… ¿o acaso nos liamos cuando nos encontramos de frente ante situaciones donde los miedos nos pueden?

No siempre hacemos fácil el “querer”, o bien porque nos atraiga alguien, o porque hemos pasado procesos difíciles en términos de pareja y no sepamos como abrirnos a nuevas emociones o simplemente, porque tenemos una enorme incapacidad de compartir el afecto que sentimos por aquellos a los que queremos y la aprehensión active el miedo, el ego, las distracciones, los sentimientos tóxicos e incluso….todo esto junto nos lleve a cerrar puertas antes de abrirlas completamente.

Acabo de leer hace poco un artículo que ponía textualmente esto:

“Las emociones influyen muchísimo en la atención, la memoria y el racionamiento, nos indican qué es lo importante y nos ayudan a tomar decisiones”. Así lo aseguran los científicos. “Cuando no somos capaces de reconocer nuestras emociones, ni de interpretarlas, no podemos utilizar una información que es muy valiosa, lo que hace que sea mucho más complicado tomar decisiones y crear vínculos sociales y afectivos”.

Es por eso que yo sigo mirando a mi alrededor, analizo y me analizo a mí misma,  buscando el corazón vacío que del que solemos tirar cuando nos sentimos en peligro. Hecho que es cada vez más común en las relaciones de pareja, en el trabajo, en las amistades…incluso en la familia. Y me resulta inquietante.

Está claro que dentro de nuestros conceptos, tenemos muchas formas de querer e incluso, hasta la forma de la que huimos de nuestros propios sentimientos o la forma en la que decidamos manifestarla, habla mucho de la forma en la que nos queremos a nosotros mismos.

¿Damos desde el corazón o porque pretendemos algo a cambio? ¿Damos en exceso y siempre esperamos algo más de los demás? ¿O es que acaso pueden más los miedos que el mismo hecho de vivir en coherencia con nosotros mismos, dándonos la oportunidad a sentir?

Según Pablo Nachtigall, psicólogo y autor del libro “Bendito Dinero” y creador del taller “Enfrentando nuestros miedos a abrirnos en el amor”, expone 7 miedos que bloquean la capacidad de sentir:

1 – Miedo al descontrol. Este miedo se manifiesta especialmente en los vínculos de pareja, cuando conocemos a alguien y tememos soltarnos de nuestra estructura y rigideces. Tememos descontrolarnos cuando somos personas muy controladas y controladoras, por ende, entrar en una relación amorosa nos brinda una oportunidad única de soltar ese control, sólo que a veces el ánimo de control nos surge inconscientemente. Frente a una persona que puede gustarnos, atraernos y enamorarnos, podemos perder el control, y eso, para muchas personas puede resultar “peligroso” y aterrorizante. Por ende, muchos prefieren continuar sus vidas “controladas” sin arriesgarse.

2 – Miedo al rechazo. Muchos temen ser rechazados y por eso, permanecen guardados en su hogar al calor de su familia, Internet y cosas conocidas (bien conocido como la zona de confort). En el amor, tenemos la posibilidad de desear a alguien y que esa persona nos rechace, sea en los inicios o cuando estamos intentando construir algo. Sin embargo, si en el fondo deseamos generar algo, no queda otra cosa que atreverse a meterte en este viaje. De otra forma, te quedarás a mitad de camino y repetirás esto una y otra vez. Muchas veces tememos al rechazo cuando tenemos un “ego” demasiado grande… Después de todo, ¿quiénes somos para creernos tan importantes que no podemos ser rechazados?

3 – Miedo al abandono. Generalmente este miedo procede de haber estado en situaciones donde nos hemos sentido abandonados o faltos de contención y apoyo afectivo. Por lo general esto lo hemos experimentado primeramente a nivel familiar y posteriormente con algunas amistades o relaciones de pareja. Por supuesto, todos poseemos algún “paquete familiar”. El problema de no resolver psicológicamente esto, es que en el fondo, seguimos sintiéndonos como niños asustados y evitamos situaciones amorosas en nuestra adultez. Este programa es tan fuerte, que incluso lo podemos observar en amistades que suelen ser algo controladoras, ya que quieren acaparar de una forma tóxica nuestro afecto, poniéndonos incluso en competencia con otras amistades o exigiendo en extremo, debido a las carencias con las que trabajan sus relaciones afectivas y que al entrar en conflicto con este programa, se activa el miedo al abandono. Conclusión: nos volvemos personas dependientes o fóbicas a conectar con el otro.

4 – Miedo a las caricias amorosas. Paradójicamente, este es el temor nuclear que podemos encontrar en el 90% de las personas. Miedo a permanecer en un espacio amoroso con los demás. El budismo explica que el miedo es la falta de costumbre de tocar, sentir, dar rienda suelta a los sentidos, es decir, si tememos al amor es porque no estamos acostumbrados a permanecer en una situación donde podemos ser tocados, abrazados y amados a plenitud. Nuevamente, es importante explorar qué experiencias tuvimos respecto al amor (en su sentido más amplio) como energía en todos los aspectos de nuestra vida. Y comprender que para vivenciar el amor, precisamos generar una costumbre y habituarnos a intercambiar caricias con los otros.

5 – Miedo al conflicto. Parece mentira que resulta aterrorizador para muchas personas involucrarse en una relación de pareja o colocar límites a sus amigas, padres e hijos, debido a que temen pelearse y discutir con ellos. Es por eso que pueden permanecer asustados, inertes, mostrándose dudosos, laxos o sobreprotectores, tolerando situaciones que les generan malestar sin hacer nada por cuidarse. Esta clase de conducta masoquista genera dolor y frustración ya que la no se es capaz de asumir su poder personal, lo que puede llevarnos a quedarnos solos, enojados o involucrados en una relación toxica con nuestra pareja, amigos o familia, con tal de no involucrarnos en confrontaciones.

6 – Miedo a la frustración. Este miedo denota una personalidad infantil que no acepta que las cosas no se den como queremos. Tememos frustrarnos cuando permanecemos estancados en nuestro “niño interior” y dejamos que nos guíe. Si somos adultos, podemos comprender que a veces, en el amor podemos frustrarnos y eso forma parte de crecer, aun cuando no nos guste. Pero si negamos temer a la frustración, terminamos actuando como personas caprichosas, malcriadas e intolerantes, y eso impide entrar en la energía del amor, sea cual sea de la que provenga.

7 – Miedo a la vulnerabilidad. Este es otro temor fundamental que se esconde detrás de millones de personas solitarias e, inclusive, casadas. Todos tememos estar expuestos y vulnerables cuando nos enamoramos, e incluso en nuestros vínculos de amistad y familia. El amor produce una de las cosas más bellas: mostrarnos tal cual somos, con virtudes, defectos y ansias de amar y querer ser amados. Esta verdad tan simple y elemental puede ser peligrosa para millones de personas que están acostumbradas a sentirse y proyectar una imagen de omnipotencia, seguridad y eficiencia ante los demás. Ser vulnerable implica mostrar lo que sentimos y pedir caricias desde lo adulto, no desde el niño demandante. Implica situarnos en la realidad y comprender que forma parte de lo que somos, aceptar que precisamos dar y recibir amor.

Todos somos vulnerables y como humanos es muy lícito sentir miedo en alguna circunstancia de nuestra vida, el tema es que hacemos con esos miedos  ¿Nos quedamos pasivos y somos víctimas de ellos, o hacemos algo al respecto?

¡Todos podemos y merecemos vivir una vida amorosa PLENA Y LLENA DE SENTIDO!

El problema es que la mayoría de las veces, no nos lo permitimos…

Es importante entender, que en la medida que expandamos nuestros horizontes en términos afectivos, permitiéndonos llegar sin límites a lo más profundo de nuestros sentimientos, en esa medida nos estaremos dando la oportunidad de conocernos más en nuestro interior y por ende, sanando nuestra relación con nosotros mismos.

El amor es la mayor manifestación de bondad y desde luego, de abundancia, es por eso que en la medida que la fortificamos, trascendiendo nuestras propias limitaciones y de una forma expansiva, nos conectamos con una vibración muy alta, muy potente, que sin darnos cuenta mueve todo a nuestro alrededor, creando un efecto transformador sin límites.

Es por eso que tiene que ser puro, sin egos de por medio y desde el corazón…la razón aquí no cabe.

El amor es la vibración más alta que se puede experimentar en el mundo, es por ello que se dice que el encuentro entre llamas gemelas suele ser tan impactante, es por eso que siempre contiene programas de miedo oculto en nuestro inconsciente y es por eso que en nuestro miedo a perderlo o a sufrir, dejemos amigos, parejas o familiares de lado en el camino.

El amor es la energía que mueve el universo, es la fuente de toda inspiración, es la conciencia misma, una vez que despiertas a ella, no podrás dormir nuevamente de la misma manera, pero si aprender a fluir en ella, el amor no tiene ni principio ni fin, porque cuando te conectas con el todo, vibras en él, lo integras a tus células, y una vez hecho esto, no puedes retroceder, es imposible…todo es conciencia y equilibrio.

Si sientes que ese amor por el todo se termina o no te deja avanzar, significa únicamente que estás asustado, así que permítete sentirlo, porque seguimos siendo humanos, así que por lo tanto descansa y cuando te sientas preparado, déjate fluir nuevamente, porque merece la pena vivirlo.

Si algo se genera en esta época del año, es una gran energía de amor a nuestro alrededor, la ilusión de los más pequeños de la casa, de aquellos que están lejos y que se reencuentran con el amor de su la familia, de los recuerdos de niños, las quedadas con amigos, las celebraciones, los regalos, las luces, la música y el ambiente navideño, independientemente cual sea tu religión creencia o estado anímico en este momento, esa energía está ahí, en el aire, en la piel de todos los que nos rodean…así que sal afuera y siéntelo!

¡No permitamos que nuestros programas y viejas estructuras  agoten los buenos momentos, la buena compañía, el verdadero sentido de la amistad o del amor que llame a tu puerta, porque hay momentos que sólo se viven una sola vez en la vida y nuestro mejor momento siempre es HOY!

Os dejo algunas frases que he leído hoy y que dan para pensar:

«El amor infantil sigue el principio: Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: Me aman porque amo. El amor inmaduro dice: Te amo porque lo necesito. El amor maduro dice: Te necesito porque te amo.»

«El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no con un objeto amoroso. Si una persona ama sólo a otra y es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino una relación simbiótica, o un egotismo ampliado.»

«En el acto de amar, de entregarse, en el acto de penetrar en la otra persona, me encuentro a mí mismo, me descubro, nos descubro a ambos, descubro al hombre.»

«En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos.»

«La envidia, los celos, la ambición, todo tipo de avidez, son pasiones: el amor es una acción, la práctica de un poder humano, que sólo puede realizarse en la libertad y jamás como resultado de una compulsión.»

«No tengo que hacer nada para que me quieran -el amor de la madre es incondicional-. Todo lo que necesito es ser su hijo. El amor de la madre significa dicha, paz, no hace falta conseguirlo, ni merecerlo.»

«Sin amor, la humanidad no podría existir un día más.»

«A veces no apreciamos el valor de un instante, hasta que se convierte en un recuerdo.»

DESDE EL FONDO DE MI CORAZÓN, OS DESEO UNAS MUY FELICES FIESTAS EN COMPANIA DE AQUELLOS QUE QUERÉIS Y DESDE LA DISTANCIA O CERCANÍA VIRTUAL QUE NOS UNE, ME FUNDO CON VOSOTROS EN UN FUERTE ABRAZO LLENO POR SUPUESTO….DE MUCHO AMOR <3

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