Ya es hora de quitarnos (o quitar a otros) las caretas y ver la realidad tal y como es, no como la queremos ver…

Últimamente me he dado cuenta, que mientras más profundos y álgidos son los temas que vamos tratando en el Blog, más resistencias hay a la hora de publicarlos.

Y es que todo está relacionado y para mí eso es fascinante, ya que se genera más contenidos para ser debatidos, a la vez que me hace pensar en lo acelerado que está funcionando el proceso de “ascensión”.

Y es en nuestra fase de “ensayo y error”, donde los márgenes se van acortando casi sin dejarnos ni pestañear, nos están sacudiendo el suelo para hacernos reaccionar por la buenas…o por las malas, ¡así que más vale que espabilemos!

Esta semana ha sido para mí bastante acelerada, sesiones que atender, vuelos y viajes que programar, preparar el contenido de mis páginas, muchas temas que coordinar y organizar, a la vez que soy espectadora de muchas cosas a mi alrededor de las que tengo que estar muy atenta, y ese, también es parte de mi trabajo, que aunque lo hago en silencio tras bastidores, también requiere de su debido análisis y atención.

Si bien todo estaba organizado, los contratiempos nunca fallan, así que han servido estos días en los que conectarme a internet fue casi que imposible, para retomar todo lo acontecido y conectar (porque sigue siendo parte de lo mismo) con el tema que teníamos pendiente a publicar.

Hay episodios que quisiera utilizar como “abre boca” para este artículo, ya que han sido detonantes para enfatizar el tema del que hablaremos hoy.

Uno de mis colegas alquila una habitación que tiene extra en su piso por temporadas vacacionales, y me divierte mucho observar cómo va cambiando la vida de esas personas que suelen pasar ahí cortas estancias, simplemente siendo él y a través de su mágica esencia, buen rollo y sabiduría.

El siempre suele ver más allá de los que otros no son capaces de ver, trabaja muy bien las energías y suele vibrar muy alto.

Recientemente, estuvo hospedado un chico que lo impresionó de una manera un poco especial. Nos tenía locos a todos con que  teníamos que conocerlo ya que nos impresionaría conocer a una persona tan fuera de lo común en todos los aspectos, al punto de considerarlo un ser máximo de luz.

Me advirtió muchas veces que me impactaría especialmente a mi, por considerarlo un ser bastante superior y como yo manejo las energías de una manera bastante peculiar, el consideraba que yo lo notaria de inmediato, tal y como lo hizo el.

Lo cierto es que habíamos quedado para conocernos.

Os puedo asegurar que sentí una energía muy extraña nada más verlo. Este chico en su esfuerzo por ser agradable, nos abrumaba a todos los presentes, hablaba con un tono de voz muy alto, era difícil interactuar con él en una conversación, ya que no dejaba acabar la frase y hablaba encima, estaba a mil bandas (hablando conmigo pero contestando o interviniendo a la vez en la conversación de los otros), lanzando algún comentario gracioso que era difícil de pillar, en fin, la sensación que yo sentía (muy a parte de la confusión), era la de cuando se está cerca de un gran vampiro energético que ejerce una fuerza sobrehumana para disfrazar tanta succión de energía en masa, a cambio de una máscara de “buen rollito” un tanto exagerada.

Sin embargo, a pesar de que soy una persona que me cuesta hacer juicios, no dejo de estar alerta y hacer caso a mi instinto o lo que me transmiten las demás personas energéticamente, pero antes de cerrarme en banda, siempre doy una oportunidad para ver el lado positivo de las cosas (así me equivoque), pero no me gusta etiquetar a nadie, y si fallo, siempre lo consideraré parte del aprendizaje, y si os soy sincera, siempre prefiero eso a ir de lista estableciendo juicios.

Lo cierto es que por cada minuto que pasaba, más me preguntaba: ¿Qué se supone que tengo que descifrar yo aquí?, cuando la escena era cuanto menos curiosa y yo en medio de todo ese sarao preguntándome: ¿Cuál es mi parte del guion en esta película y que tengo que ver aquí?

Como siempre os digo, nada en la vida es casual y tanto movimiento de energías y emociones tenía que tener algún significado oculto.

En resumen, esta historia no deja de ser como muchas otras vividas por todos, donde se nos presenta algún Mr o Mrs Maravilla, que acaba siendo cualquier cosa, menos lo que nos habían hecho creer y el sentimiento no es otro más que sentirnos estafados.

Os aseguro que de esta historia hay mucho que sacar (de hecho lo hicimos) y seguramente que más de uno se sentirá identificado con toda esta secuencia de hechos, porque alguna vez, algo similar os habrá pasado.

Como si esto no fuera poco, la semana ha transcurrido con muchas historias parecidas, desde las más ajenas, hasta las más cercanas,  e incluso, tengo tres casos de separaciones y divorcios, entre parejas que tenían muchos años juntos, y que coinciden en que desconocen a las personas que por tanto tiempo ha compartido a su lado, como si de alguien completamente desconocido se tratara y con los que difícilmente exista actualmente algún tipo de nexo común o afinidad.

Es entonces cuando surge la pregunta de: ¿Cómo me pude equivocar tanto?, ¿Por qué mi colega sobredimensionó a una persona que a legua se notaba que algo andaba mal con él? ¿Cómo podemos pasar tantos años al lado de alguien, para luego parecernos un absoluto desconocido? ¿Cómo podemos conocer a alguien que nos puede parecer encantador y dulce, para luego desarrollar con nosotros una actitud agresiva e incoherente sin venir ni a cuento?

Muy simple: pasamos la vida creándonos expectativas y proyectando en otros lo que para nosotros es una necesidad o carencia, mientras que por otra parte, vamos “inconscientemente” creando máscaras que según qué cosa,  utilizamos como si de cambiarnos de ropa se tratara.

Porque simplemente vemos lo que “queremos o necesitamos” ver y vendemos lo que nos “conviene o necesitamos” en determinado momento vender.

Lo más peligroso de todo esto, es que somos muy hábiles creando soportes para mantener nuestras expectativas “vivas” y poder manifestar el resultado que esperamos, o cuanto menos, justificar el desenlace de las mismas.

Hemos aprendido a utilizar las máscaras como mecanismo de defensa y obviamente esto tiene un alto precio a pagar: cargar con un exceso de peso a llevar sobre nuestros hombros. Aunque, evidentemente y por suerte, es mucho más usual de ver en estos días, que existimos aquellos que nos hemos atrevido abiertamente a “desnudarnos” y hemos dejado caer nuestras viejas máscaras (cualquiera que estas hayan sido),  luego de haber pasado por taquilla y habiendo sobrevivido al duro aprendizaje que supone el “soltar”, siendo muchas veces tratados por los demás de locos y de raros.

¡Aun así, merece la pena aligerar la carga, ser más libres y por supuesto, más felices!.

Pero…¿De qué tenemos miedo que necesitamos seguir llevando las máscaras?

¿Te atreves a buscar en tu fisonomía interior, lo que está escondido detrás de esa careta?, pero más allá de eso, ¿te atreves a enfrentar las verdaderas razones que te llevaron a crear ese “arquetipo” que dista mucho de tu propia esencia?

Lo aceptemos o no, Las máscaras estorban, pesan y nos perjudican, impidiendo relacionarnos auténticamente y de forma positiva con nosotros mismos, con los demás y por supuesto, con la energía universal.

Es difícil mantenerse detrás de ellas e incluso nos cuesta mucho más hasta respirar.

Mientras vamos creando expectativas con todo lo que nos rodea y vamos fabricando máscaras que completen nuestra carente vida, se hacen presentes “los espejos” alrededor nuestro, así que atraemos personas y situaciones que nos activan la memoria de situaciones no sanadas, para brindarnos generosamente la oportunidad de trascenderlo, lo malo es que en la medida que no “atendemos a estos llamados”, se nos presentarán más y más situaciones difíciles para alterar nuestro status quo, obligándonos a presionar el botón de “ACCIÓN” y mientras este proceso ocurre, vamos desfalleciendo en el letargo cayendo en manos del EGO.

Porque es así, en esta fase es cuando el EGO tiene su gran y oportuno protagonismo. Aquí es donde entra con fuerza y notoriedad y sin lugar a duda, se vuelve en nuestra contra. Es decir, mi “necesidad” puede volverse una necesidad cuando intento cubrirla con algo que no puedo pagar o con alguien que no me hace bien, en ambos casos porque necesito llenar el espacio “vacío/carente” existente en mi vida.

Según Freud, el ego es un estado parcialmente consciente, que intenta moderar entre los instintos, los ideales y la realidad. Sí los ideales aspiracionales (cómo deseamos que nos vean) y los instintos (lo que realmente deseamos) chocan con la realidad, se crea una situación incongruente donde entonces aparece el tan pegajoso “apego” (nunca mejor dicho).

El ego nos lleva a llenarnos de cosas materiales y de relaciones innecesarias, el apego hace que las mantengamos con nosotros aun después de habernos dado cuenta que no nos hacen felices. El ego nos lleva a tener una pareja a como dé lugar, el apego nos hace quedarnos con esa persona aunque la relación sea mediocre y sepamos en el fondo que no tiene futuro, ¿A que os suena?

Veamos algunos tipos de EGO:

  • Ego SABELOTODO: Es aquel ego que siempre cree tener la razón, le gusta dar consejos sobre todo, siempre contesta aunque no sepa, cree tener respuesta para todo, no se puede quedar callado.
  • Ego INSACIABLE: Es el ego “centro de mesa”, no le gusta pasar desapercibido, hace cualquier cosa para llamar la atención.
  • Ego INTERRUPTOR: Su necesidad de autorreferencia es tan fuerte que interrumpe permanentemente, nunca deja que los otros terminen de hablar.
  • Ego ENVIDIOSO: Es el que no soporta los triunfos y éxitos de otros. Degrada a los que cree que son mejores que él.
  • Ego PRESTIGIOSO: Es el ego que busca aplausos, reconocimiento y admiración en todo lo que hace. Siempre quiere ser el mejor. Frecuentemente les dice a los demás: “te lo advertí”, “yo sabía”, “te lo dije, pero tú nunca me escuchas”, etc.
  • Ego JINETE: Se monta de lo que dicen otros. Se aprovecha de los datos de los demás para su propio beneficio. Saca partido de lo que otros dicen para estructurar sus propias intervenciones. Es copión y usurpador.
  • Ego SORDO: Nunca escucha, le gusta hablar sólo a él, habitualmente finge escuchar.
  • Ego MANIPULADOR: Es aquel ego astuto que siempre se las arregla, ya sea tergiversando, acomodando, engañando, mintiendo o justificando para que las cosas resulten siempre a su favor.
  • Ego ORGULLOSO: Es aquel ego competitivo, discutidor, que no le gusta perder.
  • Ego PREMENTAL (silencioso): Es aquel ego que calladamente tiene un discurso paralelo, es criticón, hipócrita y enjuiciador.
  • Ego Novela (a este yo lo llamo personalmente así): No es más que el EGO víctima, el pobre de mí, el que nunca entiende porque le pasan las cosas con lo bueno que es. Tiende a ser muy manipulador y siempre acaba haciendo sentir a los demás culpables o responsables de él. Es uno de los peores y de los más peligrosos porque nunca se entera de nada.

Así que sería buen ejercicio sacar al ego a pasear al mundo de la realidad y dejar que se dé algunas collejas el mismo. Es importante ver con un ojo más crítico a quienes nos rodean, para luego decidir si se van o si se quedan y no con el idealismo prefabricado por nuestra mente que es lo que solemos hacer.

Os aseguro que si fuéramos muchos más cautelosos, tuviéramos una visión más aguda y nos tomáramos un tiempo antes de etiquetar, ilusionarnos o dar por sentado algunas cosas, nos ahorraríamos muchos disgustos y desilusiones.

Sin embargo todo tiene un porque y una vez ya vividas esas experiencias, !que nadie nos quite lo bailado!

Así que tomemos el tiempo necesario para entender que teníamos que aprender de esa situación, porque así la hemos creado, cuál era su mensaje oculto, que de lo que nos disgustó ver en esa situación o persona existe en nuestro interior, en vez de gastar energía en culparnos, hacernos las víctimas, venirnos abajo o culpar a los demás.

Pregúntate a ti mismo:

¿Qué máscara usas? ¿Ocultas dolores, o quizás escondes tristezas?. ¿O tal vez te pones la que te sirve para esconder lo que no quieres mostrar de ti? ¿O la de la vergüenza para que no vean cómo eres en realidad? ¿Te sientes vulnerable siendo tú mismo? ¿Por qué? ¿Eres un ser maravilloso que a ti te da miedo y vergüenza mostrar?

La máscara del miedo es una de las más usadas. Miedo al rechazo, miedo a la burla, al ridículo, a que no nos quieran, ¡miedo a mostrar lo que sentimos!

Mentimos cuando nos ponemos las máscaras y luego pretendemos que se nos quiera por lo que somos, por lo que hay en nuestro verdadero interior, pero para ello tenemos que dejar caer las máscaras, ¡y eso duele y cuesta!

Por otra parte las máscaras no vienen solas, siempre van acompañadas de las expectativas, o las expectativas siempre van acompañadas de las máscaras, como lo quieras ver, pero la una no puede existir sin la otra.

Te has preguntado alguna vez:

¿Atraes a gente que no es la indicada para ti?

Y apuesto lo que quieras a que la respuesta será un SI rotundo!

De alguna manera todos hemos pasado por eso, hasta que afinamos nuestro GPS emocional.

Sin duda esto ya te ha sucedido antes: conoces a alguien, te sientes inmensamente atraído o atraída hacia ese ser, y luego de un tiempo te preguntas, ¿qué hago aquí?  ¿Dónde están las cosas que solían atraerme de esta persona? Y es entonces cuando huyes sigilosamente o desapareces sin dejar rastro.

O eres de las personas a quien los que lo rodean describen de una manera que no te es demasiado familiar.  Parcializan tu personalidad y sólo destacan algunos aspectos que no son tan exactos, según tu punto de vista, aunque de alguna manera pareciera que tienen un remoto dejo de realidad.

Lo real es que eres hipersensible, a un grado tan extremo de creerte vulnerable.  Ante tanta des-protección, creas una fachada que tapa las partes que podrían generarte algún tipo de dolor.  De esta manera te desarrollas en la sociedad en carriles que ya conoces y que has probado una y otra vez y que te dan seguridad.  Crees que te encuentras a salvo allí, que lo tienes todo controlado, que eres muy seguro de ti mismo, hasta que te vuelven a poner a prueba y patinas de nuevo.

Pero entender eso requiere de mucha madurez, sabiduría, humildad, de aceptación y de amor propio, porque sólo cuando nos queremos de verdad, es que somos capaces de aceptar nuestro lado oscuro con bondad y objetividad, porque nos lo debemos, porque sabemos internamente que nos hace bien y que tenerlo presente es la única forma de sanarlo.

Sin embargo tiramos de lo más fácil y para no correr riesgos utilizamos una máscara (yo lo llamaría también muralla) que es bien distinto a como realmente somos: humanos, simples y vulnerables.

¿Te has llegado a preguntar alguna vez, si podrías llegar a soportar que alguien te rechace o no te quiera por ser quien realmente eres? Tu inconsciente no, y tu mejor defensa es mostrar máscaras, de esta manera intentas paliar el efecto de un rechazo.  Esta fachada levanta paredes infranqueables entre tú y las personas, ya que antes de entablar una relación “verdadera” el boicot de la “muralla mode” ya se ha activado y la posibilidad de una conexión emocional tangible, también.

¿Qué sucede entonces?

Tú eres el que hiere primero, antes que aparezca la remota posibilidad de que te hieran a ti, y abandonas, mientes, engañas.  No es un mecanismo consciente, ya se ha instalado en tu subconsciente, y esta situación se repite ante estímulos similares una y otra vez.

Este caso lo ha vivido muy de cerca una clienta y amiga, que maneja muy bien todas las herramientas de las que solemos hablar en el Blog, y aun así, no dejó de sentirse fatal al ver alejarse de ella a un chico con el que había conectado de una forma inusual, con el que estaba viviendo una historia de amor ideal, donde cada día la relación daba señales de ir un paso hacia adelante, y sin ton ni son, él se alejó de ella al hacerse el solo una película en su cabeza, basada en los celos y que de alguna manera le causo inseguridad, y fue más fuerte su miedo a sufrir, que los sentimientos que estaban creciendo dentro de el por esta chica.

¡Así de masoquistas somos!

Además, nuestras máscaras cumplen otra función: atraer gente que se ve seducida por esta fachada que hemos inventado, y no por quien realmente somos, porque justo ahí, hay cosas que trabajar.  Incluso, probablemente acostumbramos a buscar (inconscientemente) parejas para paliar la soledad que nos abruma, gozando de compañía (por lo general ocasional), para que esta persona llene el vacío que se produce al no poder dejar emerger nuestra verdadera personalidad.

Preferimos relacionarnos desde este lugar, superficialmente, sin establecer verdaderas conexiones y no desde el interés genuino en quien busca una conexión emocional y verdadera con nosotros, ahí es cuando todas las excusas son bienvenidas.

De este modo, ya sabes de antemano que nunca llegarás a algo concreto con tus parejas de turno (de hecho en el fondo es lo que buscas), sean ocasionales o con algún rasgo de estabilidad.  Eliges relaciones imposibles, infructuosas y eliges continuar en la misma tesitura, para minimizar (a veces sin éxito) la posibilidad de sufrir.

¿Qué sucede cuando aceptamos que recurrimos a las “Máscaras”? 

Se produce un conflicto interno aún mayor y nos frustramos, ya que inconscientemente nos damos cuenta que no nos quieren por la persona valiosa que somos, sino por la fachada que hemos creado.  Es por eso, que cada tanto aparece alguien en nuestra vida, capaz de leernos por dentro y ver más allá de todas las máscaras que creamos, logrando una empatía muy especial con nosotros, conectando con nuestra vulnerabilidad y con nuestras emociones más íntimas.  Esto nos deja desprotegidos e indefensos, sin saber qué hacer o cómo reaccionar, ya que en este caso los mecanismos de defensa inconscientes que se venían activando, ya no surten efecto.

Ahí es cuando nos toca: !FLUIR!

A esta altura, os puedo asegurar que quien hiere primero, hiere dos veces: a la otra persona por el maltrato o el abandono injustificado, y por consiguiente, a nosotros mismos, ya que muy en el fondo sabemos que hemos herido a quien no lo merecía y de esta forma, cavamos nuestra propia tumba, para acabar reencarnados en otra historia similar, con la misma resonancia y mismo guion.

Cada vez que creamos expectativas en una situación o persona, damos al otro una de las cosas más valiosas que poseemos: NUESTRO PODER CREADOR.

Sería mucho más sencillo, si en vez de tener expectativas sobre algo o alguien, invirtiéramos esas energías en dejar que la vida nos sorprenda, en leer las señales, en seguir las pistas, en observar que de lo que tenemos frente a nuestros ojos está en nosotros, en aquietar nuestra mente controladora que todo lo quiere saber y que descubramos lo que el universo nos tiene preparado, disfrutemos del momento aquí y ahora, en vez de pensar en lo que viene o puede ser más allá del café que nos estamos tomando, que disfrutemos de lo que tenemos tal y como es, en vez de como queremos que sea.

Porque todo eso es EGO.

Porque actuando de esta manera, no tenemos nada de que defendernos, porque no estamos generando ninguna expectativa, no esperamos nada de nadie, ni de nada y es en ese mismo momento, ¡que somos  simplemente NOSOTROS mismos!

Y cuando nos dedicamos a SER en vez de “pretender ser”, no existen máscaras, no hay material para construir murallas, ni siquiera generamos ese pensamiento, porque ya no hay expectativas que crear.

La oportunidad de cambio hacia relaciones más gratas y saludables está únicamente en tus manos, sólo depende de ti decidir que ha llegado ya el momento oportuno para dejar las máscaras atrás, las expectativas y dejar que tu verdadero YO fluya.

Puedes deshacerte de tus máscaras si verdaderamente lo deseas, simplemente tienes que aprender a quererte y valorarte como te mereces! 🙂

“Todo sufrimiento en esta vida, está relacionado con las expectativas que ponemos en las cosas y en las personas”, jamas lo olvides…

http://www.elnuevodia.com/los10tiposdeegoqueexisten-1253402.html

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Comments on !DERRUMBANDO EXPECTATIVAS, DERRIBANDO MÁSCARAS!

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