Me quiero, no me quiero…

Está claro que este es un tema bastante denso y complicado de manejar, de hecho, costó mucho poder publicar este artículo, y eso ya me habla las resistencias que se maneja en torno a este tema, así que ya es hora de trascenderlo e ir más allá!

Y para los que no habéis pillado de que va nuestro tema de hoy, hablaremos de LA AUTOESTIMA.

Sé que muchos dirán: “pero si a estas alturas ya sé que me tengo que querer y de hecho, es lo que practico a diario”, o por lo menos eso creemos.

Por otra parte estarán los que “saben” que la raíz de sus problemas se origina en la autoestima y sin embargo no saben ni como comenzar a lidiar con ese gran y limitante problema.

Pero la verdad es que de alguna manera, a todos, absolutamente a todos, siempre  nos queda algo por resolver en nuestro amor propio y la vida siempre se encargará de poner los respectivos espejos que nos lo recuerden.

Así que la pregunta que te vendrá a la cabeza ahora es: ¿Qué hago para quererme más? ¿Hay que decirse a uno mismo cientos de palabras bonitas cada día? ¿Cómo reconozco que no lo estoy haciendo bien y no me quiero lo suficiente? ¿Y si lo que uno ve frente al espejo no le parece bonito? ¿Qué hacer en el caso de que nada de lo que veo a mi alrededor me agrade? ¿Qué pasa cuando ya no conectas con cosas o con quienes conectabas antes? ¿Qué pasa cuando aun sabiendo que lo que haces está bien, al que miran como bicho raro es a ti?

No os preocupéis, a decir verdad muchas de las herramientas las hemos tocado en artículos anteriores, pero hay ciertos aspectos del “no querernos”, que pasan desapercibidos, pero hacen estragos en nuestra vida, sutilmente, pero los hacen.

Los problemas ligados a la autoestima se manifiestan en las relaciones de pareja (que son los más comunes), en  las relaciones de trabajo, en la abundancia, en la seguridad, la confianza, es decir, la vida nos llevará a desgranar desde todo punto de vista, cada aspecto de nuestra vida en donde esto esté fallando y todos aquellos hechos que nos están impidiendo el poder materializar (Crear).

Por lo tanto, nos obligarán mediante duras experiencias, a resolver cada uno de estos aspectos hasta que no haya nada más que resolver y será entonces, cuando se tenga ya sanada (por completo) la autoestima.

Aquí es donde entra el paradigma de las relaciones interpersonales: la mayoría de las personas vive con patrones mentales de culpa, de resignación, de humillación, de dolor, de carencia, de nostalgia, de pánico, de tristeza, de rabia, de fracaso, de inferioridad, entre otros.

Es ahí cuando se forja el enemigo interior de cada persona, ese que se surge muchas veces gracias a una severa educación tenida de pequeño o por distintos programas heredados de nuestro Linaje Familiar  y esto es lo que dicta cuáles deben ser los sentimientos a ser sanados una vez que afloran.

La falta de confianza en uno mismo crea inseguridad y esa inseguridad se traduce en hacer mal las cosas una y otra vez.

El individuo deja de creer en sí mismo, no se ama y se rige por patrones de culpa que le separan del mundo que lo rodea y de su yo interior, de su responsabilidad como co-creador de las situaciones que vive o ha vivido, por lo tanto, culpa a otros de sus desgracias, cuando por el contrario, SON SUS PROPIOS PROGRAMAS MENTALES LOS QUE GENERAN ESE PENSAMIENTO DE INCAPACIDAD DE SANAR Y DE CREAR.

Sin embargo, como cualquier ente de este Universo, el ser humano busca elevar su vibración de forma casi que instintiva,  ya que al vibrar alto, el cuerpo humano crea una intensa sensación de gozo y es por eso que a esa sensación se la relaciona con el Amor.

De hecho el Amor es eso, una vibración muy elevada, lo que nos hace buscar de forma inconsciente amor en los demás aun sin saber bien el porqué. Y eso es debido a que nuestros patrones mentales atrapados en el Ego, no nos permiten elevar nuestra frecuencia por nosotros mismos, sino que necesitamos “predar” para obtener esa energía a través de otros, convirtiéndonos en seres “inconscientes” y de alguna manera “ladrones de energía”.

Nos convertimos en dependientes emocionales, carecemos de autonomía, de autorrealización, incapaces de hacer auto-análisis, no nos queremos lo suficiente, no sabemos valorarnos, al final nos convertimos en personas cuyos patrones mentales nos impiden ver la realidad con ojos críticos y por el contrario, vemos según nuestras creencias, valores, lo que nos convenga, lo que nuestro Ego nos permita ver o peor aún, nos limitamos a no ver demasiado para no tener que movernos mucho para activar un cambio.

En este estado de separación de nosotros mismos, es cuando se producen los apegos o bien a personas que vibran más alto que nosotros, o por el contrario a personas que tienen una densidad tan baja como la nuestra en ese momento, y de la que nos retroalimentamos a partir de nuestras propias carencias y como sabéis, hambre con hambre no dura!.

En pocas palabras: la falta de amor se debe al miedo, y el miedo lleva al odio, al rechazo, a la condena, a la crítica, a la agresión física,  llevando una mochila con patrones mentales de todos esos programas que se activan una vez que nos enfrentamos a situaciones que nos condenaron de pequeños, o que están marcados en nuestro clan familiar y hemos heredado: “no te vistas así”, “no vales para ese deporte”, “no sabes cantar”, etc.

Esa persona llena de represiones acaba rechazando en los demás aquello que rechaza en sí mismo, es decir, hacemos “espejos”. Y ese rechazo no es más que la incomprensión de una parte de la polaridad en la que se vive y sin aceptar esa polaridad es imposible ser feliz.

Una vez que integramos esa polaridad y la trascendemos, nos damos nuestro justo valor de alguna forma, actuando desde la bondad con nosotros mismos, aumentando el amor propio y por lo tanto nuestra vibración. Al sentir eso, es imposible no sentir amor por los demás.

¿Qué ocurre por el contrario cuando somos incapaces de desarrollar nuestro amor propio?

Que salen a la oscuridad, aquellos patrones mentales de rechazo que no toleramos ni para nosotros mismos, ni para los demás. En este punto, se dan dos opciones:

  1. O aprendemos a estar solos, aceptando nuestra oscuridad, nuestros patrones mentales de dolor, siendo compasivos con nosotros mismos, hasta hacer que esa actitud de “falta de autoestima” desaparezca, abriendo bien los ojos, estando atentos a las señales del universo y tomando las herramientas que este nos brinda.
  2. O vamos en busca de otra pareja rápidamente para olvidar el dolor y evitar enfrentarnos a nuestra oscuridad. En esa situación se hallan muchas personas abandonadas, volviendo a repetir una y otra vez situaciones del pasado, hasta que cada prueba se torna más compleja y acabamos por desencadenar un detonante en forma de enfermedad, situación traumática o un accidente que nos obligue a reaccionar de inmediato.

¿Qué hacer entonces para quererse a uno mismo?

Como siempre os digo, la única y verdadera herramienta es la de mirar hacia adentro. Es no tratar de huir de los problemas, sino de buscar el origen, de enfrentarlos y de entender que todo lo que nos pasa lo hemos creado nosotros mismos para aprender y trascender nuestro lado oscuro.

Una clave importante es entender que no podemos tener relaciones interpersonales o de pareja sanas, hasta tanto no seamos capaces de brindarnos a nosotros mismos un estado de felicidad, plenitud, expansión, paz, armonía y júbilo, estando solos, sabiendo que somos capaces de amarnos porque hemos desvanecido por completo todos los patrones mentales de culpa, de dolor, de humillación y de inferioridad.

Lo que nos rodea y la forma en la que vivimos, habla mucho de nuestra relación con nosotros mismos y de cuánto valor nos damos, sin embargo, existen personas que aprenden a desarrollar el arte del camuflaje y pueden incluso llegar a despistar los síntomas, tras un manto de seguridad en sí mismos: una pareja de concurso, una carrera exitosa y dinero, pero que por algún lado, refleja los problemas de autoestima que nunca fueron sanados, por más que se trate de “aparentar” que está todo controlado.

Una vez conocí a un chico al que podría ser considerado el típico “buen partido”: guapo, inteligente, buena persona, con personalidad, exitoso, pero que no acababa de convencerme porque habían “ciertos” mensajes entre líneas de su personalidad, que me parecían confusos y me hacían ver que “algo” no andaba del todo bien.

Lo primero que me comenzó a hacer dudar fue su falta de tiempo, de 24 horas del día estaba ocupado 28 (no se alimentaba bien, vivía de reunión en reunión, siempre estaba conectado a internet) y a decir verdad, ya eso deja ver una gran carencia en su vida: “tengo tantas cosas que no me gustan de mi vida (carencias), que las tengo que tapar con sobredosis de actividades para no verlas” o “Necesito estar ocupado, porque “estar ocupado” es ser importante”, encima 3 divorcios, apego a lo material, a lo físico y os aseguro, que era un tío adorable con “aparente normalidad”, por no decir, más bien cercano al ideal de hombre que toda mujer desea tener a su lado, pero para mí y más allá de lo “aparente”, era justo todo lo contrario, donde “la falta de autoestima” se hacía evidente desde mi punto de vista en muchos aspectos que hablaban por sí solos.

Y es que resulta que muchas veces disfrazamos nuestras carencias a través de distracciones para no tener que enfrentarnos a lo que NO nos gusta de nosotros mismos, por más que la factura a pagar sea el desamor y la insatisfacción personal, pero es que así somos, MASOQUISTAS!

Es entonces cuando LA SOLEDAD (o el estar solos) es lo que puede conectarnos con esa oscuridad que no toleramos de nosotros mismos, ya que en ese estado se pueden disolver los patrones mentales que generan dolor y miedo, es la única forma en la que podemos elevar la frecuencia de vibración, y a partir de ahí, aprender a ser felices sin que otras personas intervengan en nuestro estado de ánimo.

Por eso no es causal, que después de situaciones extremas, el universo nos “obligue”a estar de alguna manera solos (haciéndonos perder la pareja, el trabajo, teniendo problemas económicos, generando mudanzas a sitios lejos de nuestro entorno, etc), para que activemos un trabajo interno de re-conexión.

Lo que os quiero decir con todo esto, es que la falta de amor a nosotros mismos puede verse manifestado desde las formas más sutiles, hasta la más extrema manifestación de la vida, para hacernos ver que nada de lo que hagamos para evitar enfrentarnos a ella dará resultado, porque más temprano que tarde, la tendremos frente a nosotros.

No olvidemos que el mundo exterior no nos proporcionará las respuestas a todas nuestras interrogantes (ni siquiera aquellas más espirituales), mientras no asumamos nuestro papel de creadores de nuestra realidad.

Y el que seamos “creadores” no significa que nuestro ego es el que “Crea”. El ego está empotrado perfectamente a nuestra personalidad, con lo cual, obviamente no creó todo lo que nos rodea simplemente porque la creación no ocurre desde ese nivel de frecuencia.

Así que entendamos algunos conceptos:

  • El universo es un espejo de la conciencia y los sucesos de tu vida reflejan quién realmente eres.
  • Sabemos que la conciencia es colectiva. Todos la extraemos de una fuente común, pero las personas presentes en tu vida reflejan aspectos de ti mismo (tanto los buenos como los malos).
  • La conciencia se expande en sí misma, pero aquello a lo que prestes atención crecerá (Si lo crees lo creas).
  • La conciencia crea basado en un plan, pero nada es aleatorio, tu vida está llena de señales y todo tiene un fin divino (nada es casual).
  • Las leyes físicas operan eficientemente con el mínimo esfuerzo, pero en todo momento, el universo nos da los mejores resultados posibles (todo es perfecto como es).
  • Tu conciencia interna siempre está evolucionando. La dirección de la vida va de la dualidad a la unidad (todos somos Uno).
  • Si te abres a la fuerza de la evolución, ella te llevará adonde quieres ir (así que sigue las pistas).
  • El caos favorece la evolución porque nos mueve a reinventarnos (es por eso que crisis = oportunidad), pero una mente fragmentada no puede llevarnos a la unidad.
  • Vivimos en muchas dimensiones a la vez, por lo tanto la impresión de estar atrapado en el tiempo y el espacio es una simple ilusión.

Desde luego, quererse a uno mismo no es repetirse frases bonitas como robot, ni intentar ser positivo a toda costa, ni absolutamente ninguno de los paradigmas de la literatura de autoayuda que abundan en las librerías.

Se trata de CONOCERSE Y ACEPTARSE, aunque conlleve dolor por la pérdida de ciertos patrones derivados de las relaciones interpersonales (afectivas, laborales, sentimentales) que considerábamos inamovibles.

DESAPEGO = SOLTAR = FLUIR = CRECER

Es necesario aprender a perder para entonces conocerse. Perder todo aquello que creíamos que nos pertenece, es el siguiente paso hacia el cambio.

Pasamos la vida buscando la felicidad, la abundancia y el amor eterno, sin darnos cuenta que todo eso se encuentra dentro de nosotros y que con sólo aprender a manifestarlo, lo tendremos afuera, sin límites ni condicionamientos.

La realidad nos ha revelado un valioso secreto: quien crea es más importante que el mundo entero, de hecho, es el mundo!

Vale la pena hacer una pausa para asimilarlo…

De todas las ideas liberadoras que pueden cambiar la vida de una persona, quizá ésta sea la más poderosa. Pero para llevarla a la práctica, para ser auténticos creadores, debemos liberarnos de múltiples condicionamientos, paradigmas y limitantes tanto externos, como internos.

Nadie nos pidió que creyéramos en un mundo material que nos rodea, pero aprendimos a hacerlo indispensable a consecuencia de considerarnos a nosotros mismos seres limitados, pero llegó la hora de reconocer que tenemos un inmenso poder…

… que recién estamos despertando!

Libera tu mente y conéctate con ese Ser que has venido a ser…EL TIEMPO ES AHORA!

Y para finalizar, os dejo un lindo poema relacionado con nuestro tema de hoy…escrito por uno de los más grandes de nuestra historia…DISFRUTADLO!

CUANDO ME AMÉ DE VERDAD

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso.

Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aun sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin

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